“Un Clamor desde los Escombros:
Cuando la Tragedia nos Llama al Arrepentimiento”.
Sobre la Tragedia en el Jet Set.
“Autor: José Ramón Ramírez Sánchez.”
La noticia ha estremecido los cimientos no solo
físicos, sino también espirituales de la República Dominicana: el colapso del
techo de la discoteca Jet Set durante un concierto del querido merenguero Rubby
Pérez ha dejado al menos 124 muertos, entre ellos figuras reconocidas como
Octavio Dotel y Tony Blanco. Frente a semejante tragedia nacional, muchos se
hacen preguntas: ¿Por qué sucedió esto? ¿Dónde estaba Dios? ¿Qué significado
tiene esta desgracia para un pueblo como el nuestro?
Desde una perspectiva cristiana evangélica
pentecostal, no podemos quedarnos callados. Este doloroso acontecimiento debe
ser también una poderosa señal de advertencia espiritual. La Palabra de Dios
nos dice en Lucas 13:5: “Os digo: No; antes si no os arrepentís,
todos pereceréis igualmente.” No se trata de señalar con el dedo a los que
estaban allí, sino de examinar nuestra nación entera, nuestras prioridades,
nuestras vidas, y nuestro alejamiento progresivo del Señor.
¿Dónde están nuestras prioridades?
Vivimos en un tiempo donde el entretenimiento ha
reemplazado el altar. Donde los templos están vacíos, pero los clubes están
llenos. Donde el nombre de Dios es tomado en vano y donde el pecado se celebra
con luces, música y aplausos. No es casualidad que esta tragedia haya ocurrido
en un lugar de entretenimiento nocturno, en un ambiente donde muchas veces se
da rienda suelta a los placeres de la carne.
No estamos hablando de condenar a nadie, sino de
abrir los ojos espirituales. Este accidente no solo se trata de una falla
estructural; es un reflejo de una falla moral y espiritual que lleva tiempo
gestándose en nuestra sociedad.
Un llamado al duelo… y al arrepentimiento
El presidente ha decretado tres días de duelo. Es
justo. Es necesario. Pero como iglesia, necesitamos ir más allá: necesitamos tres
días —y más— de humillación, oración y búsqueda intensa del rostro de Dios.
Dice 2 Crónicas 7:14: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi
nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus
malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y
sanaré su tierra.”
No podemos sanar esta herida nacional solo con
homenajes. Necesitamos sanar espiritualmente. Necesitamos volver al Dios de
nuestros padres, al Dios que ha sido bueno con esta tierra pero que ha sido
ignorado por muchos.
Rubby Pérez y el talento dado por Dios
Rubby Pérez no era solo un artista; era una voz, un
símbolo del merengue dominicano. Y aunque muchos lo recuerdan por sus
canciones, nosotros lo recordamos hoy como un alma que partió a la eternidad.
¿Estaba listo para encontrarse con su Creador? Esa es una pregunta que solo
Dios puede responder, pero nos sirve de espejo: ¿estamos nosotros listos?
La muerte llega sin anunciar. Hoy es una discoteca,
mañana puede ser en una autopista, un hospital, una casa. Nadie sabe el día ni
la hora. Por eso, la urgencia del evangelio es real: hoy es el día de
salvación (2 Corintios 6:2).
Una nación a los pies de Cristo
La República Dominicana necesita más que nunca un avivamiento
genuino. No un espectáculo, no un movimiento emocional, sino una convicción
profunda de pecado, justicia y juicio. Que esta tragedia no sea en vano. Que
estos nombres, ahora recordados con lágrimas, nos impulsen a volvernos a Dios.
Que la iglesia no se duerma en medio del luto, sino que se levante en oración,
en acción y en intercesión por esta nación.
Desde los escombros puede nacer un
clamor que llegue al cielo. Que así sea.
MENSAJE FINAL PARA CADA CORAZÓN
📌 Al creyente:
No es momento de tibieza espiritual. No podemos
seguir con una fe adormecida mientras el mundo se desmorona a nuestro
alrededor. Vuelve al primer amor, busca a Dios en santidad, intercede
por tu nación y levanta tu voz con la autoridad del Espíritu Santo. Dios te ha
llamado a ser luz en medio de la oscuridad.
📌 Al no creyente:
Hoy es el momento para considerar tu eternidad. Esta
tragedia es un recordatorio de que la vida es frágil y pasajera. Pero Cristo te
ama. Él murió por ti, y hoy extiende sus brazos para salvarte. No necesitas ser
perfecto, solo necesitas rendirte a Él. Cree en el Señor Jesucristo, y serás
salvo tú y tu casa (Hechos 16:31).
📌 Al nuevo
creyente:
No temas ni te desanimes. Aunque el mundo parezca
sacudirse, tú has encontrado la roca firme que es Cristo. Aférrate a la
Palabra, rodéate de hermanos en la fe, y ora con fervor. El Señor que te salvó
también te fortalecerá. Él está contigo en medio de toda tormenta.
“Bienaventurados los que lloran,
porque ellos recibirán consolación.” – Mateo 5:4
“Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra potestades, contra
los gobernadores de las tinieblas de este siglo.” – Efesios 6:12.
Oración de Fe Profunda:
Señor Dios Todopoderoso,
Hoy me acerco a Ti con un corazón lleno de fe, sabiendo que Tú eres el Creador del cielo y de la tierra, el Alfa y la Omega, el que conoce cada rincón de mi vida, mis pensamientos y mis anhelos. En Tu presencia, Señor, me rindo completamente, reconociendo Tu soberanía y Tu poder sobre todas las cosas.
Creo con todo mi ser que Tú eres mi refugio, mi fortaleza y mi sanador. Aunque a veces la vida me lleva por caminos de oscuridad y duda, sé que Tu luz es más fuerte que cualquier sombra, que Tu amor me sostiene y me guía, aún cuando mis fuerzas flaquean.
Te pido, Señor, que fortalezcas mi fe, que me des la certeza de que Tú estás conmigo en cada momento, y que, aunque no entienda el porqué de las pruebas, confíe plenamente en Tu voluntad perfecta. Tú eres fiel, y no hay nada que se escape de Tu control. En Ti encuentro paz, esperanza y consuelo.
Señor, dame la fe para creer en lo imposible, para caminar en la verdad de Tu palabra, y para ver más allá de lo que mis ojos pueden entender. Ayúdame a mantener mi mirada fija en Ti, aún cuando las circunstancias me desafíen. Que mi fe sea tan profunda como la que tuvo Abraham, tan firme como la que tuvo David, tan inquebrantable como la de Job.
Te entrego, Señor, todas mis preocupaciones, mis miedos, y mis cargas. Hoy decido confiar en Ti con todo mi ser, sabiendo que no estoy solo, que Tú vas delante de mí, detrás de mí y a mi lado. Que Tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, llene mi corazón.
En el nombre poderoso de Jesús, declaro que mi fe es más fuerte que mis dudas. Declaro que mi vida está bajo Tu control divino, y que Tu propósito prevalecerá en mí. Amén.
